Los nobles guerreros

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El día de ayer fuimos a un establecimiento que promueve oficinas en renta Polanco, un establecimiento bastante bonito y elegante, que se encuentra en el centro de la mejor zona de México, para hacer negocios y para tener una oficina, ya que este establecimiento se encuentra en el centro de Polanco.

Al entrar al lugar, tardamos una media hora en ser recibidos, debido a que llegamos 20 minutos antes de la hora de la cita, en gran medida debido a que habíamos anticipado mucho tráfico, algo que milagrosamente no sucedió; sin embargo, siempre es bueno tomar precauciones y cumplir con la hora establecida.

Al estar sentados, esperando a ser recibidos, me entretuve observando un retrato de un Mameluco egipcio, mostrando toda la grandeza y opulencia característica de aquella raza de guerreros ya extinta; sin embargo, dejaron su huella bien puesta en la placa de la historia.

Dicho Mameluco se encontraba sentado en lo que parecía ser un trono lleno de cojines de colores muy vivos, bien al estilo arabesco, con los escalones que descendían del  ocupado por dos leopardos, quienes se sentaban obedientemente ante los pies de un gran señor, portando todo el atuendo pertinente a un guerrero Mameluco.

Los Mamelucos eran una casta guerrera pertenecientes al califato de Egipto, instalados en grandes palacios y bajo gran favor social ante el sultán desde los tiempos del medievo, distinguiéndose como un cuerpo de caballería de élite en las cruzadas y en tiempos posteriores, en guerras de conquistas islámicas en toda la región del norte de África y de oriente, sirviendo de manera leal al sultanato de Turquía, quien se hizo de Egipto, razón por la cual erigieron sus magnánimos palacios en aquel país a la orilla del Nilo.

Esta casta de guerreros fueron incorporados a la nobleza islámica, debido a su gran valor en el campo de batalla y sobre todo por su eficaz y elegante manera de librar combate, especialmente cuando éste era uno a uno en un duelo de espadas, particularmente por el lujoso diseño de sus armas y en la manera que se hacían uno con sus magníficos corceles azabaches, blancos, alazanes, tordillos y de color durazno.

Estos caballos son los famosísimos caballos árabes, conocidos por su extraordinaria belleza, su larga y frondosa crin, que muchas veces se les adornaba con trenzas y objetos lujosos decorándolas como piedras preciosas y en algunos casos diamantes.

Los mamelucos vestían con una colorida vestimenta de pantalones y camisas de lino acampanado, con magníficos turbantes hechos de cera china y de Mongolia, portando un gran sable curvado con mango de oro, ideales para la carga de caballería.

Para defensa personal, tanto en el campo de batalla, como en duelos o encuentros con bandidos, los mamelucos contaban con una filosa daga de plata y de dos pistoleras de fina madera, peso ligero y excelente precisión cuando al disparar en corta, media y larga distancia, cuyos proyectiles generalmente llevaban veneno de cobra para acabar con cualquier enemigo.

Los mamelucos son una casta guerrera que se debería ser mejor conocida por todos.

La razón de la ofensiva

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La semana pasada, al estar sentado en una sala de espera de Interjet, vi a unos pasajeros japoneses-mexicanos, es decir, hijos de japoneses y nacidos en México, quienes se ha comprobado por varios estudios sociológicos afirman que son los más patriotas y los más comprometidos con México.

Al ver a esta familia me puse a pensar lo que sería de este país si tuviéramos más migración como ellos, y mi conclusión fue tan rápida como simple, México sería un país mucho mejor de tener más personas con los valores japoneses y probablemente este país podría convertirse en una mega potencia si estos individuos estuvieran al frente.

Muchas personas alrededor del mundo critican al Japón por sus impulsivas políticas expansionistas durante los años de la Segunda Guerra Mundial y afirman que fue su culpa que quedaran pulverizados tras las dos bombas atómicas lanzadas por los norteamericanos.

En cierta medida es cierto que los japoneses causaron ese tremendo evento que puso fin a la Segunda Guerra Mundial; sin embargo, las razones por las cuales se lanzaron a esa bélica y sangrienta aventura no fueron motivos imperialistas ni expansionistas, aunque el Japón era comandado y regido por un emperador.

La realidad de las cosas es que los ataques del Japón a Pearl Harbor y a las islas del sureste asiático fueron resultado de una estrategia de supervivencia, una estrategia que además muchos sabían que podría fallar, especialmente el almirante Yamamoto,  quien la planeo toda la ofensiva.

Todo empezó debido a finales de la Primera Guerra Mundial, cuando Japón no fue tratado con respeto por parte de los aliados vencedores y se creó un sentimiento antioccidental en todos los sectores de la sociedad del país oriental, quien esperaba de alguna manera poder recuperar su honor cuando las circunstancias fueran favorables.

Sin embargo, los recursos naturales japoneses no eran suficientes para sobrevivir a largo plazo, por lo que el gobierno japonés decidió atacar a la China comunista para arrebatarles la provincia de Manchuria, una provincia rica en metería natural.

Aunque la guerra estaba resultando muy costosa y sangrienta, Japón estaba obteniendo aquello que aseguraba su supervivencia, si es que se combinaba con el petróleo que compraban de los Estados Unidos, ahora mucho más fácil de adquirir; sin embargo, la invasión a Manchuria fue condenada por los principales países occidentales e impusieron sanciones fuertes en Japón, sanciones que volvieron a desbalancear el barco.

Por esta razón, Japón decidió firmar una alianza con Alemania para deshacerse del yugo occidental, lo que causó que E.U.A. dejara de venderle petróleo al Japón, algo que a corto plazo paralizaría al país por completo.

Por esta razón, el almirante Yamamoto propuso un plan de ataque a los Estados Unidos, donde destruirían a la flota americana del Pacífico y les forzarían a firmar una paz favorable para el gobierno imperial; sin embargo, el ataque a Pearl Harbor fue un fracaso, ya que no se encontraba ningún portaaviones en la base, quienes eran el blanco principal.

La receta de la tolerancia

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A estas alturas ya todos habrán visto las noticias o leído los periódicos; por tanto, decir que ayer fue un día extraño, turbulento y aciago no es más que regodearse en la obviedad.

Definitivamente, la sociedad debe organizarse y para empezar a contrarrestar los vicios que se han implantado después de siglos de malas políticas. No obstante, creo que todavía nos queda mucho camino por recorrer para encontrar las formas correctas de organización.

Sin embargo, no quiero referirme a lo que mucho se ha tratado en estos medios, sino a una noticia que leí ayer y que a la luz de los eventos del día, y que aún no sé si considerar reconfortante o igualmente trágica.

Probablemente recordarán que el 12 de junio del año pasado se registró el peor tiroteo en la historia de los Estados Unidos. El terrible acontecimiento tuvo lugar en el Club Pulse, un bar gay en la ciudad de Nueva Orleans. El atentado cobró la vida de 49 personas y dejó numerosos heridos. Pero, sobre todo, dejó una grave marca en la historia de un país que ha vivido las más contrastantes manifestaciones en cuestión de tolerancia.

Pues bien, la noticia a la que me refiero es la de un homenaje que el equipo de futbol soccer, Orlando City SC, rendirá a las víctimas del atentado. Después de concretar una venta de asientos para estadios (stadium seats for sale), el Orlando City cambiará 49 asientos de su gradería para formar la bandera del arcoíris.

La sección quedará formada por cinco filas, de ocho asientos cada una, en los colores rojo, naranja, amarillo, verde y azul, además de una fila de 9 asientos, color púrpura. Cada pieza de mobiliario llevará una placa con el hashtag #OrlandoUnited.

El Orlando City tomó la decisión de transformar la sección 12 de su estadio (12, por la fecha del ataque), porque además de ser un importante elemento representativo de la ciudad, se encuentra a pocos kilómetros del bar.

La noticia me pareció conmovedora y un tanto impactante, sobre todo porque trajo a la memoria el desafortunado evento. Pero tampoco dejó de arrancarme una sonrisa, pues, a fin de cuentas, constituye un intento por manifestarse a favor de la tolerancia.

La cuestión también me impulsó a reflexionar y preguntarme qué hace falta para desarrollar esa virtud, tan necesaria en una sociedad democrática. Se piensa que las claves están en la educación y el desarrollo de la cultura, el conocimiento y la investigación científica, pues conforme descubrimos el mundo y adquirimos nuevas ideas, nos despojamos de prejuicios.

Sin embargo, no podemos decir que la sociedad estadounidense muestre carencias significativas en tales cualidades. Si bien hay sectores muy conservadores, cuyas ideologías y creencias no dejan mucho lugar a la diversidad o a la apertura, estos, en la mayoría de los casos, rechazan por completo cualquier forma de violencia y condenan acciones como la de Nueva Orleans.

También se puede pensar que la religión obnubila el entendimiento e implanta ideas, de tal forma que sus files no admiten creencias contrarias a las que profesan. Sin embargo, hay ministros de diversas religiones que promueven la tolerancia y el respeto hacia la comunidad LGTB, con base en la idea de que religiones como el cristianismo tienen a la compasión y el perdón entre sus principales virtudes.

¿Cuál es, entonces, la receta para la tolerancia o lo que provoca que ésta falte? No es fácil precisarlo, pero la educación, la comunicación y el diálogo no pueden quedarse al margen.

El activista reflexivo

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Al hablar de activismo, como el nombre lo indica, pensamos en una actitud o forma de vida que implica trascender los planos teórico e ideológico, y pasar al práctico; lo anterior, en lo que a cuestiones políticas y sociales se refiere.

Un proceder activista estaría incluso más allá de las marchas y otro tipo de manifestaciones públicas, como puede ser la toma o intervención de un espacio público para protestar por alguna circunstancia.

Ser activista implica emprender acciones más concretas para resolver el problema que da pie a la inconformidad. Por ejemplo, si el motivo de informidad o rechazo es que los niños de comunidades pobres o marginadas no tengan acceso a la educación, una forma de activismo puede ser el acudir a esas comunidades y organizar grupos de alfabetización con maestros voluntarios.

El activismo puede llevar a situaciones que algunos consideran extremas, como el saquear tiendas y almacenes para protestar contra el encarecimiento de los productos básicos. En estos casos, la acción puede inclinarse fácilmente hacia la violencia y es por eso que incluso quienes se reconocen como activistas cuestionan o rechazan este tipo de medidas.

No obstante, lo que la mayoría de las formas de activismo parecen tener en común es el que buscan generar cambios mediante la acción. Ahora bien, ¿podríamos pensar en un activismo que, ante todo, implicara la reflexión?

En el contexto de muchas escuelas filosóficas, la acción y la reflexión han llegado a considerarse como opuestos, que pueden sucederse uno a otro, pero no coexistir. Y es que la reflexión precisa que la acción se ponga en pausa, para que el pensamiento pueda volverse sobre sí mismo. Por otra parte, no es que la acción se lleve a cabo en total ausencia de pensamientos, pero sí supone que la mayor parte del trabajo intelectual se concentra en ordenar el proceso mediante el que se lleva a cabo la acción.

En otras palabras, podemos reflexionar antes de actuar, para prever y sopesar las posibles implicaciones y consecuencias de nuestros actos. Posteriormente, actuamos con base en lo que pensamos. Pero la  idea de activismo reflexivo que comenzamos a considerar implicaría que el pensamiento, en sí mismo, podría ser una actividad. Y ya en el terreno de lo político y social, supondría que pensar es ya una forma de reaccionar y actuar frente a las circunstancias.

La verdad es que la idea no es nueva. Como señalara el filósofo alemán Immanuel Kant, uno de los lemas de la Ilustración fue “atrévete a pensar por cuenta propia”. La sugerencia de que pensar podría ser un atrevimiento, nos indica que dicho ejercicio no es puramente introspectivo y pasivo, sino que implica una respuesta y una reacción a un modelo de comportamiento impuesto. En una sociedad dirigida por los prejuicios o los dogmas, pensar por cuenta propia sería ya una forma de activismo.

En nuestra época, tenemos el caso de los activistas por la paz, como William Soto Santiago. Organismos como la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, consideran que la base de todo movimiento y transformación social es el pensamiento crítico y para desarrollarlo, la educación es imprescindible.

Los que sí debes cumplir

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Al fin se acabó 2016, un año que fue considerado de los más difíciles y complicados que ha tenido este siglo XXI, debido a todas las pérdidas, conflictos y crisis que ocurrieron durante los pasados doce meses.

Y 2017 no pinta nada fácil. De hecho, las primeras horas del año nuevo ya nos trajeron un atentado terrorista en Turquía, protestas en México por el aumento de la gasolina y el desconcierto general frente a eventos como el inicio de la era Trump, que ahora sí está cerca.

Sin embargo, ni el pasado desolador ni el futuro incierto lograron quitarnos el gusto por celebrar. En todo el mundo, millones de personas se reunieron en los lugares más emblemáticos de sus ciudades, en bares y centros nocturnos, o en casa, con familia y amigos, para dar la bienvenida a un nuevo ciclo.

Entre las muchas tradiciones que acompañan las celebraciones de año nuevo está la de los famosos propósitos. Se trata de objetivos por lograr o hábitos por adquirir o cambiar; generalmente son doce, uno por mes, y ya sea que se pongan por escrito en una lista o que se piensen al escuchar las doce campanadas o comer las doce uvas, se les considera elementos importantes y hasta imprescindibles para empezar el año.

Sin embargo, aunque comenzamos muy entusiastas en enero, es común que perdamos esa euforia conforme pasa el tiempo y que a mediados de año –a veces, a mediados de enero– la mayoría de nuestros propósitos se vaya al olvido.

No debemos culparnos en exceso, pues a veces sucede que nos fijamos expectativas desproporcionadas y prácticamente imposibles de cumplir en el corto plazo de un año. Pero hay propósitos en los que vale la pena trabajar día con día, pues de ellos depende incluso el que tengamos la posibilidad de alcanzar otras metas.

Si en tu lista de propósitos aparecen algunos de los siguientes (y probablemente así sea, porque son los más típicos), te alentamos a esforzarte por cumplirlos. Y si no están o no crees en eso de hacer propósitos, te invitamos a considerarlos, porque son realmente importantes.

Dieta y ejercicio

Como acabo de mencionar, son los típicos y también son los que con mayor rapidez abandonamos. Y es que comer sólo alimentos saludables y seguir una rutina diaria de ejercicio parecen tareas monótonas, aburridas o hasta complicadas y desagradables.

Pero si realmente les damos una oportunidad, descubriremos que además de benéficos, esos hábitos pueden ser sencillos y hasta disfrutables. Llevar una dieta no significa matarse de hambre, sino comer lo que nos nutre, en las cantidades adecuadas. El ejercicio, por su parte, puede ser una oportunidad para divertirse, relajarse o hacer amigos; sólo hay que encontrar la práctica adecuada.

Lo que sí puede ser complejo y desagradable de enfrentar son las complicaciones derivadas de la mala alimentación y el sedentarismo, tales como la diabetes o la retinopatía diabética.

Ahorrar

Parece que todos somos conscientes de las crisis económicas presentes y venideras. Sin embargo, basta echar un vistazo a las tiendas para pensar que, o la crisis no existe o que a la gente no le importa el porvenir. Este es el mejor momento para mantenerte firme en el propósito de ahorrar y de comenzar a planificar tus gastos.

Aprender

Desde un nuevo idioma hasta una técnica de manualidades, cualquier conocimiento nuevo que adquieras es una oportunidad de crecer y, de paso, de añadir elementos a tu curriculum.

El minero

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La semana pasada conocí a una persona dedicada al arrendamiento de maquinaria, especializada en la fabricación de material acero y a procesos industriales de minería en regiones montañosas y desérticas, dos lugares poco amigables para el ejercicio apropiado de la minería, aunque pueda parecer lo contrario.

Esta persona ha viajado por todo el mundo laborando como consultor en firmas dedicadas a la minería encargándose por lo general por lo general en la supervisión del funcionamiento de las maquinarias encargadas de hacer el proceso minero posible y de hacer de los minerales algo valioso.

A su vez, se dedicó por dos años a trabajar con el capital humano de las minas, ya que muchos de ellos tienden a desarrollar muchos problemas debido al difícil trabajo que se requiere para poder cavar una mina, algo inimaginable para muchos de nosotros y que pocos son aptos para hacer.

Esto es debido a que es complicado encontrar muchos individuos con fuerza física, mental y de voluntad de hierro, ya que estos individuos olvidados por la humanidad hacen trabajos que no son naturales para los seres humanos, ya que estos la naturaleza se los ha encomendado a los topos, marmotas, gusanos y lombrices, quienes hacen simplemente lo que les es natural.

Uno de los principales peligros a los cuales se enfrentan los mineros es a la exposición de gases venenosos, tóxicos e irritantes que se encuentran debajo de la tierra, gases que pueden causar daños tan fuertes como lesiones permanentes en órganos vitales, sobre todo en pulmón e hígado.

Otro gran peligro al que se enfrenta todo minero es al derrumbe, algo que es probablemente la peor pesadilla de todo ser humano, ya que si es que esto sucede, los mineros morirán de asfixia, algo que puede muchas veces no ser una muerte inmediata, sino una lenta y desesperante.

Otra condición que pueden desarrollar, ya sea al principio o en etapas más avanzadas del trabajo en la mina es claustrofobia extrema de un segundo a otro, algo que se conoce como claustrofobia fulminante, una condición que una vez que sucede, podría durar toda la vida, viniendo y yéndose como el viento, el cual no sopla en la mina.

La labor minera, aunque sea sumamente pesada, ha llamado a una enorme cantidad de personas particularmente en el siglo XIX, cuando surgió la fiebre de oro en Norteamérica, especialmente en lugares como California y Alaska, donde millones de inmigrantes particularmente irlandeses fueron a buscar la fortuna, unos la encontraron y ortos murieron, no obstante era bien sabido que aquellos quienes consiguieran fortuna seria una que duraría en su familia por muchas generaciones.

De hecho, se debe a esta fiebre de oro tan intensa que al equipo profesional de futbol americano de San Francisco se le llamó los 49es, ya que esta gran migración fue en el año de 1849 y quedó por siempre marcada en aquella región norteamericana.

Los que nos salvan a diario

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Si de héroes reales hablamos, no podemos dejar de mencionar a los paladines de la salud; esos médicos, enfermeras, paramédicos y rescatistas que siempre acuden al llamado de la vida y para quienes los fines de semana, las horas de asueto y los días festivos no son más que otra jornada de trabajo.

No me refiero, por supuesto, a esos profesionales que lo son sólo de nombre y que se conducen sin mostrar el menor respeto a sus pacientes ni a la disciplina que ejercen; sino a los verdaderos especialistas en salud, que además de entregarse a su profesión, dedican el poco tiempo libre que les queda a perfeccionar sus conocimientos, con cursos de actualización o diplomados médicos en línea.

Es cierto que todas las profesiones son valiosas dentro de una sociedad y que todas las personas con verdadera dedicación y amor por lo que hacen están siempre en busca de recursos para desempeñar su labor de la mejor manera posible. También es verdad que una falla en cualquier actividad puede traducirse en pérdidas irreparables.

No obstante, la profesión médica y otras relacionadas con el cuidado de la salud siempre han estado rodeadas por un halo especial, y creo que esto se debe a que tratan directamente con la vida.

El cine y la televisión han retratado en incontables ocasiones la vida y el trabajo de los profesionales médicos y en la mayoría de los casos, las tramas protagonizadas por tales personajes son un éxito entre el público. Desde los que nos conmueven profundamente, como Patch Adams (inspirado en una historia real), hasta los que sacuden nuestra idea del profesional de la salud movido por ideales filantrópicos, como Dr. House, los médicos como personajes suelen ser garantía de taquilla y rating.

Sin embargo, existen miles de médicos que, sin ser famosos, a diario sortean obstáculos y dificultades para atender de la mejor manera posible a sus pacientes. El mejor ejemplo de estos médicos héroes son todos los que forman parte de la organización Médicos sin Fronteras (MSF).

Todos hemos escuchado o leído acerca de esta organización médico-humanitaria en noticieros y periódicos. Sabemos que se hacen presentes en lugares asolados por guerras, epidemias, desastres naturales y, en general, situaciones extremas. Pero, ¿cómo surgió este grupo y quién los apoya en su loable actividad?

La organización Médicos sin Fronteras, o Médicins Sans Frontières, fue fundado en Francia, en 1971, por un conjunto de médicos y periodistas que habían trabajado para la Cruz Roja Internacional. Estos profesionales vivieron, entre otros conflictos, la guerra civil de Nigeria y fueron testigos de maltratos, genocidios y profundas carencias. Por tal motivo, decidieron crear una organización que llevase auxilio médico a los más necesitados, sin hacer distinciones de nacionalidad, raza, credo, ideología política, edad o género.

Uno de los propósitos que Médicos sin Fronteras se hizo desde el inicio fue el de trabajar con total independencia de los intereses políticos, religiosos o económicos de las naciones en las que brindaba su apoyo. Para ello, necesitaban independencia financiera, misma que han obtenido gracias a los donativos de particulares y de otras organizaciones no gubernamentales.

En 1999, la organización fue galardonada con el Premio Nobel de la paz, por su labor humanitaria.

ADN radioactivo, mutante, como quieras llamarle, son heroes

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Este es un sitio en el cual debemos darle su lugar a cada una de esas personas que se esfuerzan por salir adelante cada día y no solo eso, tratan de impulsar los que los rodean a seguir luchando cada día, esto es en caso personal, pero hay otras personas que arriesgan hasta su vida por alguna otra que nunca habían visto, ellos son los héroes que sobreviven cada día sin una placa u otro reconocimiento, simplemente si tienen la necesidad de ayudar, solo apoyan sin ningún fin acabo.

Aquí hablaremos de todas estas personas que para nosotros son héroes y que deben cubrir las primeras planas de los periódicos o la noticia mas importante en el noticiero de televisión, en este lugar hablaremos de todos estos acontecimientos que en realidad hace que pensemos que el mundo no esta en el hoyo, sino que existen muchas personas que tratan de levantarnos y seguir cada día.

Cabe recalcar que no solo hablaremos de estas situaciones también hablaremos de muchas situaciones y de nuestras experiencias en la vida, sobre todo la inconformidad que vivimos, al igual de como la mejoramos.

También necesitaremos de tu apoyo y sabemos que tienes una herramienta muy poderosa que es el celular, así que si ves un acontecimiento de algún héroe no dudes en grabarlo y enviarnos un mensaje en la casilla de contacto y con gusto subiremos el video a la red para hacerlo eficaz y viral, que estos son los videos que todo el mundo debería estar viendo.