La receta de la tolerancia

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A estas alturas ya todos habrán visto las noticias o leído los periódicos; por tanto, decir que ayer fue un día extraño, turbulento y aciago no es más que regodearse en la obviedad.

Definitivamente, la sociedad debe organizarse y para empezar a contrarrestar los vicios que se han implantado después de siglos de malas políticas. No obstante, creo que todavía nos queda mucho camino por recorrer para encontrar las formas correctas de organización.

Sin embargo, no quiero referirme a lo que mucho se ha tratado en estos medios, sino a una noticia que leí ayer y que a la luz de los eventos del día, y que aún no sé si considerar reconfortante o igualmente trágica.

Probablemente recordarán que el 12 de junio del año pasado se registró el peor tiroteo en la historia de los Estados Unidos. El terrible acontecimiento tuvo lugar en el Club Pulse, un bar gay en la ciudad de Nueva Orleans. El atentado cobró la vida de 49 personas y dejó numerosos heridos. Pero, sobre todo, dejó una grave marca en la historia de un país que ha vivido las más contrastantes manifestaciones en cuestión de tolerancia.

Pues bien, la noticia a la que me refiero es la de un homenaje que el equipo de futbol soccer, Orlando City SC, rendirá a las víctimas del atentado. Después de concretar una venta de asientos para estadios (stadium seats for sale), el Orlando City cambiará 49 asientos de su gradería para formar la bandera del arcoíris.

La sección quedará formada por cinco filas, de ocho asientos cada una, en los colores rojo, naranja, amarillo, verde y azul, además de una fila de 9 asientos, color púrpura. Cada pieza de mobiliario llevará una placa con el hashtag #OrlandoUnited.

El Orlando City tomó la decisión de transformar la sección 12 de su estadio (12, por la fecha del ataque), porque además de ser un importante elemento representativo de la ciudad, se encuentra a pocos kilómetros del bar.

La noticia me pareció conmovedora y un tanto impactante, sobre todo porque trajo a la memoria el desafortunado evento. Pero tampoco dejó de arrancarme una sonrisa, pues, a fin de cuentas, constituye un intento por manifestarse a favor de la tolerancia.

La cuestión también me impulsó a reflexionar y preguntarme qué hace falta para desarrollar esa virtud, tan necesaria en una sociedad democrática. Se piensa que las claves están en la educación y el desarrollo de la cultura, el conocimiento y la investigación científica, pues conforme descubrimos el mundo y adquirimos nuevas ideas, nos despojamos de prejuicios.

Sin embargo, no podemos decir que la sociedad estadounidense muestre carencias significativas en tales cualidades. Si bien hay sectores muy conservadores, cuyas ideologías y creencias no dejan mucho lugar a la diversidad o a la apertura, estos, en la mayoría de los casos, rechazan por completo cualquier forma de violencia y condenan acciones como la de Nueva Orleans.

También se puede pensar que la religión obnubila el entendimiento e implanta ideas, de tal forma que sus files no admiten creencias contrarias a las que profesan. Sin embargo, hay ministros de diversas religiones que promueven la tolerancia y el respeto hacia la comunidad LGTB, con base en la idea de que religiones como el cristianismo tienen a la compasión y el perdón entre sus principales virtudes.

¿Cuál es, entonces, la receta para la tolerancia o lo que provoca que ésta falte? No es fácil precisarlo, pero la educación, la comunicación y el diálogo no pueden quedarse al margen.